jueves, 11 de agosto de 2011

La Psicología es una profesión sanitaria

Si preguntásemos a la gente si considera la Psicología una profesión sanitaria y a los Psicólogos profesionales cuyo objetivo prioritario es trabajar por la mejora de la salud y el bienestar de las personas, la respuesta mayoritaria probablemente sería SÍ y así se ha demostrado en diversas encuestas realizadas a la población. La Vanguardia ofrecía el 17 de noviembre de 2010 en su edición digital los siguientes resultados a una encuesta en la que preguntaban: “¿Considera usted que los psicólogos deben ser considerados profesionales de la salud?”: El 92% de los 23.331 participantes respondió “Sí, no hay duda, los psicólogos son sanitarios”. En 2006, Redacción Médica, periódico que se ocupa de la defensa de los intereses de los profesionales de la salud realizó otra encuesta planteando si la Licenciatura de Psicología debía ser considerada una profesión sanitaria. En este caso, el 64% de los lectores señalaba que sin ninguna duda los psicólogos debían ser considerados profesionales sanitarios. Un año antes, en 2005, el psicólogo Gualberto Buela-Casal realizó un estudio en profundidad sobre la misma pregunta, encontrando que el 90% de los hombres y el 94% de las mujeres consultados por la encuesta respondían afirmativamente a si consideraban a los psicólogos profesionales de la salud.

Pero… ¿Por qué razón tantas preguntas sobre algo que parece tan obvio?, ¿Por qué poner en duda que el ejercicio profesional de psicólogos pueda enmarcarse en muchos de los casos en el ámbito de la salud?.
Desde que surgió la Psicología como título universitario en España en 1970 y se creó el Colegio Oficial de Psicólogos en 1980, los Licenciados en Psicología que además se hubieran colegiado, pudieron empezar a ejercer legalmente su labor como psicólogos. Desde este momento y hasta la actualidad, la formación recibida por los profesionales de la psicología durante su formación y el ejercicio profesional que venimos desarrollando, ha ido configurado una profesión caracterizada por ser “experta en la evaluación, diagnóstico e intervención sobre el COMPORTAMIENTO de las personas, actuando a nivel individual, grupal, organizacional y comunitario, con la finalidad principal de promover y mejorar el bienestar de los individuos, lo que además puede incidir sobre la mejora de su rendimiento en diversos campos (educativo, laboral, deportivo, seguridad vial...)” (Infocop, 2011). Puesto que además, la Organización Mundial de la Salud (OMS) define la SALUD como “un estado de bienestar físico, mental y social, y no la mera ausencia de enfermedad o dolencia”, parece que no habría lugar a muchas dudas sobre si son o no son los psicólogos esencialmente sanitarios. Sin embargo, esta consideración de la psicología como profesión sanitaria, no impediría que muchos de estos profesionales desarrollaran su labor profesional en áreas no sanitarias, pues el comportamiento humano es susceptible de ser estudiado e intervenido en múltiples ámbitos (el educativo, el laboral, el deportivo…). En función de en qué área desempeñe el psicólogo su trabajo, su objetivo último puede ser diferente: incrementar la salud o el bienestar de las personas ayudándoles a solucionar problemas (ámbito clínico y de la salud), incrementar el bienestar o el rendimiento en el trabajo (ámbito laboral), seleccionar los perfiles más adecuados para un puesto (recursos humanos), mejorar los problemas de conducta en el aula de un niño o detectar dificultades de aprendizaje (ámbito educativo)… Aunque en última instancia, en tanto en cuanto lo que busquemos los psicólogos sea favorecer una mejor adaptación de las personas (ya sean niños o adultos) a su entorno (laboral, social, educativo), la salud y el bienestar se verán inevitablemente incrementados.
Según lo visto, no habría por qué poner en tela de juicio el estatus de la Psicología como profesión sanitaria, y así ha sido hasta el año 2003, momento en que entró en vigor la Ley 44/2003 de Ordenación de las Profesiones Sanitarias (LOPS). Esta ley establece cuáles son las titulaciones que pueden cuidar de la salud en España y ser consideradas, por tanto, profesiones sanitarias. En esa fecha se incluyeron como tales las licenciaturas en Medicina, en Farmacia, en Odontología, en Veterinaria y en Ciencia y Tecnología de los Alimentos, y a las Diplomaturas en Enfermería, en Fisioterapia, en Terapia Ocupacional, en Podología, en Óptica y Optometría, en Logopedia y en Nutrición Humana y Dietética, pero no se incluyó la licenciatura en Psicología. A partir de ese momento sólo se reconocía como profesionales sanitarios a aquellos psicólogos que hubiesen conseguido el título oficial de especialista (PIR, Psicólogo Interino Residente), al que se accede a través de una oposición para la que se ofertan poco más de 100 o 130 plazas, muchas menos de las que serían necesarias para satisfacer la demanda de psicólogos que hay actualmente en el Sistema Nacional de Salud.
Las consecuencias más relevantes de esta ley fueron que de los 44.000 psicólogos colegiados en España en el momento de su aprobación, sólo 3.000 tenía el título de PIR, quedando los 41.000 restantes en situación de desamparo legal, pues aquello para lo que se habían formado, había dejado de estar reconocido por la ley. El ejercicio de la profesión de psicólogo quedó desde entonces en una situación de inseguridad jurídica que ha venido tratando de resolverse a lo largo de estos más de 7 años de debates y luchas enfocadas a regularizar la situación.
Finalmente, el gobierno socialista, tras muchas presiones ha promovido la inclusión de una disposición adicional dentro de la Ley de Economía Social (16 de marzo de 2011), que fue aprobada por todos los grupos parlamentarios en las Cortes Generales y que entrará próximamente en vigor en el Boletín Oficial del Estado (BOE). El texto de esta disposición defiende que “aquellos que posean el título de licenciado en Psicología o alguno de los títulos de graduado en el ámbito de la Psicología adscritos a la rama de conocimiento de Ciencias de la Salud, podrán ejercer actividades sanitarias, siempre que hayan superado los estudios de graduado/licenciado, siguiendo un itinerario curricular vinculado al área docente de Personalidad, Evaluación y Tratamiento Psicológicos, o al área de la Psicología Clínica y de la Salud, o bien hayan adquirido una formación complementaria de postgrado no inferior a 400 horas (o su equivalente en créditos europeos), de las que al menos 100, tendrán carácter práctico, vinculada a las áreas citadas”. Esta ley permite a los titulados en Psicología que cumplan los requisitos anteriormente citados solicitar la inscripción de consultas o gabinetes de Psicología en el correspondiente registro de centros, servicios y establecimientos sanitarios, lo que en la práctica, supone un reconocimiento implícito de estos psicólogos como profesionales sanitarios, ya que aquellos titulados que cumplan los requisitos citados pasan a tener legalmente reconocido que pueden realizar actividades sanitarias (entendidas como  “el conjunto de acciones de promoción, prevención, diagnóstico, tratamiento o rehabilitación, dirigidas a fomentar, restaurar o mejorar la salud de las personas”, según la definición del Real Decreto 1277/203). Sin embargo, en cuanto a lo que se refiere al ejercicio dentro del Sistema Nacional de Salud, o concertado con éste, sigue siendo requisito indispensable la obtención del título de PIR, al que se accede por oposición. (Puede consultarse el texto de la Disposición Adicional pinchando aquí)

¿Cuál es la situación actual a nivel legal?
La disposición adicional aprobada en marzo de 2011 sienta las bases para el inicio de un proceso de regularización de la Psicología como profesión sanitaria, aunque por el momento el reconocimiento es tan sólo implícito, al permitir la inscripción de los centros de psicología privados como centros sanitarios; algo que por otra parte resulta bastante paradójico (no se recoge aún la Psicología en el registro de profesiones sanitarias, pero sin embargo, los centros en los que trabajan estos profesionales sí pueden inscribirse y reconocerse legalmente como sanitarios, en tanto en cuanto, las tareas que se llevan a cabo en estos lugares, se encuentran entre aquellas descritas por el Real Decreto 1977/203, como “sanitarias”). Si los centros en los que trabajan los psicólogos y las actividades que mayoritariamente llevan a cabo son consideradas sanitarias, ¿por qué poner tantas trabas al reconocimiento de la Psicología como profesión sanitaria?
Está claro que la disposición adicional aprobada en marzo de 2011 es un paso en la dirección deseada, pero aún quedan más pasos por dar en los que las instituciones que representan a los profesionales de la psicología (Colegio Oficial de Psicólogos principalmente, así como otras asociaciones) sigue trabajando. Por lo pronto, el siguiente objetivo general que se ha propuesto, es lograr el reconocimiento de una profesión de “psicólogo sanitario generalista”, que podría tener como denominación “psicólogo sanitario”, a la que se accedería tras cursar el grado de Psicología y un máster oficial en Psicología Sanitaria, que garantizase la formación teórica necesaria, así como un alto contenido práctico, con el fin de que los titularos cumplieran los requisitos exigidos a nivel europeo. Se ha llegado a plantear que este máster oficial también debería ser requisito previo a la obtención del PIR. No obstante, las negociaciones con el gobierno aún persisten, pues existen discrepancias en cuanto a la duración y los requisitos que debe cumplir el máster, así como en el hecho de que éste deba ser consideración indispensable para acceder al PIR (el gobierno no es muy partidario de ello). También se han planteado otras alternativas como la de crear un “Grado sanitario de Psicología” que permita el acceso directo a la profesión de “Psicólogo Sanitario”, no obstante, todo esto debe ser minuciosamente analizado, pues la formación y las competencias logradas deben cumplir los requisitos y niveles establecidos por la Unión Europea (ver requisitos del Europsy). Todas estas negociaciones deberían quedar resueltas a finales de verano, ya que el gobierno dispone de un plazo de un año desde marzo de 2011 (momento en que fue aprobada la disposición adicional) para presentar un Proyecto de Ley con alguna decisión a este respecto.
Como vemos, aún queda un largo camino por recorrer, pero pese a las cuestiones burocráticas y legales, lo importante es que los psicólogos tengamos claro, de igual modo que parece tenerlo la población general (como muestran los resultados de las encuestas presentadas al principio), que la psicología es una profesión sanitaria y que nuestra labor profesional tiene mucho que aportar para la mejora del estado global de Salud y bienestar de las personas. Como establece la OMS, la salud no sólo se refiere a lo físico, sino también a lo psicológico y a lo social, y la Psicología, en tanto que se ocupa del comportamiento humano, no es ajena a estos aspectos.

Documentos Relacionados:
Breve resumen del recorrido por los hitos principales en el proceso de reconocimiento de la Psicología como profesión sanitaria desde el 2003 hasta la fecha. (Pichar aquí para ver el artículo de Infocop)
Europsy: Certificado Europeo de Psicología. Ver página web: http://www.europsy.cop.es/
Disposición Adicional aprobada el 16 de marzo de 2011: Pinchar aquí para leer su contenido.
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miércoles, 10 de agosto de 2011

ADICCIÓN A LAS DROGAS: ¿Por qué se inicia y se mantiene el consumo?

<<El Plan Nacional sobre Drogas ha alertado recientemente de la entrada en España de una nueva droga de síntesis llamada Doves Red, cuya toxicidad es muy elevada. En Europa ya se han detectado varios casos de intoxicaciones mortales, aunque el consumo en España aún es muy minoritario y se ha dado principalmente entre gente de clase económica alta, que la consume de manera puntual y que “en general ya es consumidora de otras sustancias, pero buscan probar cosas nuevas”, como explica el psicólogo y coordinador de adolescentes y prevención de Proyecto Hombre, Pablo Llanas Sierra>> ( Ver noticia completa)



Drogas y sustancias psicoactivas (aquellas que ejercen sus efectos en el Sistema Nervioso) hay muchas y con efectos muy diferentes en función de sus principios activos. Pero… ¿Qué mueve a la gente a consumirlas? Esta no es una pregunta fácil de responder, pero sí podemos presentar una panorámica general sobre la problemática del consumo de drogas y sobre los problemas de adicción a sustancias.
El primer consumo puede estar motivado por razones diversas y siempre depende de la confluencia de varios factores, tanto personales (relativos al propio individuo que consume, como la edad, su historia previa da aprendizaje y consumo, la información que se tiene sobre las drogas y sus efectos, el grado en que la persona se siente integrado o no en su grupo de referencia, el grado en que es o no susceptible a los refuerzos y las críticas sociales derivadas de su conducta, el grado en que es vulnerable a las presiones del grupo…) como ambientales (relativos al contexto y a las circunstancias en que tiene lugar el consumo, como podrían ser la presión grupal, la anticipación de consecuencias positivas o negativas asociadas al consumo, encontrarse en un contexto propicio al consumo, tener acceso a las drogas, tener problemas de los que las drogas permiten desconectar momentáneamente…). La lista puede ser muy larga y específica de cada persona.
Todas esas variables no explicarían en sí misma el hecho de que se dé o no un consumo ni que un primer consumo se convierta en un comportamiento habitual, pero sí funcionan como “Variables Disposicionales” que aumentan la probabilidad de que si se da la situación de ofrecimiento o disponibilidad de la droga, se decida consumir o no. A partir de ese primer consumo, el que éste se mantenga o no dependerá de que se vuelvan a dar las circunstancias favorables y de las consecuencias positivas que se experimentaran en esa primera ocasión. Cuanto más positiva y reforzante sea esa primera experiencia (bien porque reporte gratificación, aprobación social y sensaciones positivas o bien porque permita desconectar de problemas y dificultades de la vida), mayor probabilidad habrá de volver a emitir la conducta de consumir.

La edad, el nivel de información, la historia de aprendizaje o experiencias previas con las drogas y la presión del grupo son Variables Disposicionales de gran importancia en el análisis de la problemática del consumo y la adicción a sustancias, pero lo que realmente explicará que se dé un primer consumo y que éste se convierta en habitual serán las circunstancias antecedentes y sobre todo las consecuencias de dicho consumo.
1)      En lo relativo al primer consumo, sea cual sea la droga (alcohol, algún psicofármaco, estimulantes, tranquilizantes, drogas de síntesis, tabaco…), será determinante que en primer lugar, se den las circunstancias que propicien el consumo (ej. un ofrecimiento o salir con amigos consumidores) y que, en segundo lugar, confluyan una serie de Variables Disposicionales que favorezcan la decisión de consumir (ej. presión del grupo para que se consuma, anticipando las consecuencias positivas y trivializando las negativas, la anticipación por parte de la persona de posibles críticas si se niega a probarlo, no participar plenamente de la actividad social del grupo…)

2)      En lo relativo al mantenimiento del consumo, éste ya no sólo depende de que se den las circunstancias que anteceden habitualmente al consumo (ej. salir de fiesta, estar con tu grupo de amigos consumidores, estar en el contexto en el que habitualmente se consume… y sobre todo, disponer de la droga), sino de las consecuencias que se han derivado de consumos anteriores. Las primeras experiencias de consumo ejercerán un papel importante en el curso que tomarán los acontecimientos, favoreciendo o no consumos posteriores.
Las primeras experiencias con la droga suelen ser positivas. Los principios activos de las sustancias ejercen efectos sobre el Sistema Nervioso (SN) que suelen resultar placenteros y se caracterizan por respuestas diferentes en función de la sustancia (estimulantes, tranquilizantes, alucinógenos…). A ellos además se unen otras experiencias reforzantes como el sentirse más integrado en el grupo, intensificar el grado de disfrute de la situación, exponerse a sensaciones novedosas e intensas o, como ya hemos mencionado, las drogas también pueden constituir una vía de escape respecto a unas circunstancias vitales negativas (ej. una persona con problemas de pareja o económicos podría decidir utilizar el alcohol para evadirse momentáneamente de sus problemas, un adolescente que carece de habilidades sociales para introducirse y participar en el grupo podría recurrir al alcohol u otras drogas como medio para desinhibirse o para evitar el aislamiento social…).Los potentes efectos reforzantes inmediatos (ya sea por obtener algo agradable o por escapar de algo negativo) serán los que expliquen el aumento de la probabilidad de que se vuelva a consumir y que el consumo se llegue a mantener en el tiempo.

La persistencia en el consumo podrá evolucionar a lo largo del tiempo en lo relativo a la frecuencia y cantidad de consumo, así como en la funcionalidad que persiga ese consumo, desde el simple “uso” de drogas, hasta el “Abuso” y la “Dependencia”, esta última caracterizada por la presencia de adicción y del correspondiente  Síndrome de Abstinencia, así como por la afectación de las distintas áreas de funcionamiento de la persona (social, laboral, familiar, académica…). En cuanto a la función del consumo, cuando se ha llegado a la fase de Dependencia, lo que mueve el consumo ya no son los efectos positivos de la droga sino que lo que empieza a perseguir el consumidor es evitar las consecuencias físicas negativas derivadas de la ausencia de droga en el organismo (Síndrome de Abstinencia). Es por ello que la persona altera y reorganiza todo su contexto y su rutina de vida para dedicar la mayor parte del tiempo a conseguir y consumir la droga, descuidando otras parcelas de su vida (familia, amigos, pareja, estudios, trabajo…).
Si el consumo se mantiene en el tiempo las consecuencias pueden ser muy severas:
·         Cuanto más se mantenga el consumo en el tiempo, más tolerancia se generará hacia la sustancia, más dosis se requerirán para lograr los mismos efectos y más severo será el Síndrome de Abstinencia cuando falte. Como consecuencia de esta espiral, mayor será la Dependencia de la droga.

*Tolerancia: Estado de habituación a la sustancia que se caracteriza por una disminución de la respuesta a la misma dosis o por una necesidad de aumentar la dosis para experimentar los mismos efectos.

*Síndrome de Abstinencia: Síntomas experimentados en el organismo como resultado de la carencia de una sustancia a la que el cuerpo se ha habituado. Cuando el organismo se acostumbra a funcionar con una dosis de cierto compuesto tienen lugar una serie de cambios destinados a buscar la homeostasis, de manera que cuando falta la sustancia, este equilibrio se ve descompensado con los consiguientes síntomas.

·         Cuanto más importante sea la sustancia en la vida de una persona, más descuidadas estarán el resto de áreas de su vida, rompiendo la persona progresivamente con las rutinas, las amistades, las responsabilidades, el ocio… Esto a su vez tiene graves consecuencias como la pérdida de estímulos y actividades que podrían competir o alejar a la persona del consumo.

·         La ruptura con la rutina de vida puede favorecer la intensificación del problema, aumentando la cantidad y la frecuencia de consumos, pues la vida de la persona se encuentra cada vez más desprovista de estímulos competidores (trabajo, actividades sociales…) e incluso de personas allegadas (amigos o familiares) que traten de alentar y ayudar a la persona a superar su problema y a alejarse de las drogas. No obstante, lo más probable es que su entorno social también se haya visto repercutido por el problema y muchas personas se hayan acabado alejando tras intentos de ayuda fallidos.
Evolución general de los problemas de adicción a sustancias:
1.       En etapas iniciales el consumo es mantenido principalmente por las consecuencias gratificantes a las que la sustancia permite acceder, ya sean de carácter físico (cambios en el SN) o social (pasarlo bien, recibir aprobación grupal, sentirse integrado en el grupo, ligar…), aunque también en algunos casos por la huida u olvido de los aspectos negativos de la vida.

2.       Más adelante, a medida que le organismo se vuelve tolerante a la sustancia (requiriéndose más cantidad para lograr los mismos efectos) y dependiente de la misma (el organismo ya se ha habituado a funcionar con un nivel de sustancia en el cuerpo y requiere de ésta para funcionar y para evitar los desagradables síntomas negativos que produce la abstinencia), el consumo pasa a estar motivado por la evitación de los síntomas desagradables de la abstinencia, los cuales pueden llegar a generar un gran malestar y sufrimiento a la persona (en algunos casos muy difíciles de soportar), movilizándola para buscar la sustancia que palie dicho estado.

El consumidor “adicto” se encuentra en una espiral de consumo de la que se hace muy difícil salir sin una ayuda profesional especializada que le ayude a superar la dependencia física (restablecimiento de la situación de equilibro en el organismo sin necesidad de la sustancia) y la psicológica (debe intervenirse para que aquellos estímulos que han sido asociados al consumo y que han adquirido la capacidad de elicitar las ganas de consumir, dejen de provocar las “ganas” de droga).
Hay que tener claro que las adicciones NO son una enfermedad, pese a que existan claras consecuencias físicas asociadas al consumo, sino un problema del comportamiento que ha surgido y se ha mantenido en base a las circunstancias del contexto y en función de las consecuencias derivadas de la conducta de consumir. El consumo es un comportamiento aprendido que se inicia en un momento dado y puede quedarse en un incidente puntual o evolucionar hacia un patrón de conducta más frecuente e intenso. En tanto en cuanto se trata de un patrón de conducta desarrollado (aprendido) y mantenido en la interacción con el contexto, este patrón puede ser modificado y sustituido por hábitos de vida más saludables.

La intervención psicológica tiene mucho que decir en el abordaje de estos problemas, ayudando a la persona a superar tanto la dependencia física como la psicológica (aún más costosa de eliminar), pese a que en algunos casos pueda ser útil el apoyo de la medicación. Los fármacos pueden ser de ayuda en momentos puntuales (sobre todo para ayudar a superar la fase de desintoxicación en la que la hay que afrontar el Síndrome de Abstinencia), no obstante, la dependencia psicológica sólo podrá eliminarse con la ayuda de una serie de técnicas que ayuden a la persona a enfrentarse a los estímulos asociados al consumo de manera controlada para que estos pierdan la capacidad elicitadora del consumo, doten a la persona de estrategias que prevengan una posible recaída futura, así como de nuevos habitos de salud. También será necesario guiar a la persona para el restablecimiento de sus redes sociales y de una nueva rutina de actividades, ocio y responsabilidades que le reporte la gratificación que en su momento encontró en la droga.
*Ver noticia sobre Doves Red:

*Energy Control es un proyecto de reducción de riesgos de la Asociación Bienestar y Desarrollo (ABD), cuyo ámbito  de  actuación  es  estatal  y  cuenta con delegaciones en las Comunidades Autónomas de Cataluña, Madrid, Islas Baleares y Andalucía. Ofrece información sobre temas relativos a drogas: http://energycontrol.org/

martes, 9 de agosto de 2011

¿Por qué la gente cambia en terapia?

*Esta reflexión está basada en el artículo que con el mismo nombre, Froján, M.X., Montaño, M. y Calero, A. publicaron en la revista Psicothema en 2006 (ver referencias).
Son varios los estudios que han aportado evidencias sobre los efectos beneficiosos de la Terapia Psicológica en las personas que buscan ayuda en ella (entre ellos el de Seligman en 1995). Con la evidencia de estos resultados, parece claro que la psicoterapia produce mejorías en la mayoría de las personas que hacen uso de ella, sea cual sea la orientación o modelo teórico desde el que se intervenga. Pero… ¿Qué hace que las intervenciones psicológicas funcionen?, ¿Qué procesos subyacentes a la terapia explican el cambio de las personas?...
El proceso terapéutico se caracteriza por ser una interacción verbal entre el Terapeuta (T) y el Cliente (C), que se desarrolla en el marco de un contexto controlado (la sesión) y en un clima de confidencialidad, confianza y aceptación (ausencia de críticas y juicios negativos). Se trata además de una relación profesional, pues la persona acude en busca de ayuda y paga por los servicios que el T le ofrece, motivo por el cual, es más apropiado llamarle cliente (sobre todo en el ámbito de la intervención privada), pues además, la persona no es un mero receptor “paciente” o pasivo del tratamiento, sino que adquiere un papel activo en el proceso de resolución y afrontamiento de los problemas que le llevan a sesión. La persona se pone en manos del T depositando en él la confianza en su capacidad como profesional y confiándole sus problemas y preocupaciones con el objetivo de que aquél pueda poner a su disposición sus conocimientos para ayudarle a resolverlos.


La intervención terapéutica es eminentemente verbal. Durante la interacción T-C se traen a sesión a través del lenguaje los problemas que afectan a la persona en su contexto natural (fuera de la sesión) y el T da pautas que ayuden al C a modificar dichos problemas fuera del contexto clínico (a través de la aplicación de las técnicas entrenadas en sesión y de las conductas modificadas durante la misma). El objetivo último será que los cambios propiciados en sesión se hagan efectivos en el contexto natural, generalizándose y consolidándose como parte del repertorio de conductas del cliente.
Lo más interesante de todo es que prácticamente todo el cambio en la conducta del cliente resultante de la Terapia, es producto de la interacción verbal que se establece entre el Psicólogo y el cliente en el transcurso de las sesiones. Esta interacción verbal permite modificar las secuencias de interacción y las contingencias que hasta ahora controlaban las conductas problema, favoreciendo en su lugar el aprendizaje, la generalización y la consolidación de otras conductas más beneficiosas y menos problemáticas para la persona.
Dicho esto, ya tenemos el punto de partida para entender por qué cambian las personas en terapia: La Terapia se desarrolla en un contexto de interacción verbal en el que obviamente se ponen en marcha una serie de procesos de aprendizaje que explican los cambios de conducta del cliente. Como explica María Xesús Froján y cols. (estudio no publicado): “Analizar la conducta de los profesionales de la psicología clínica en sesión cuando interactúan con sus clientes puede ayudarnos a clarificar los procedimientos que utilizan, a comprender cómo y por qué funciona el tratamiento psicológico y por tanto, a diseñar formas de intervención más eficaces”. Esto último (diseñar intervenciones eficaces) es clave para una práctica psicológica de calidad, comprometida con el cliente y con la investigación empírica.
No podemos olvidar que desde sus orígenes como disciplina, la Psicología ha tratado de reivindicar su carácter científico. En el ámbito específico de la Terapia y la práctica clínica, surgió la Terapia de conducta con el objetivo de competir con  otros modelos de psicoterapia imperantes que carecían de rigor y base científica o empírica demostrada. Eso hizo necesario que los psicólogos conductuales pusieran énfasis en el estudio de los resultados de la aplicación de las diversas técnicas de intervención con el fin de determinar el grado de eficacia de cada una de ellas para distintas problemáticas desde el rigor experimental. A lo largo de estos años, estas investigaciones han tenido sus frutos y sus conclusiones han permitido elaborar guías y manuales sobre tratamientos eficaces, situándose las técnicas cognitivo-conductuales como las empíricamente más validadas en cuanto a eficacia se refiere.
Si bien, la investigación de resultados es importante, la obtención de dichos resultados depende y sólo se hace posible en el marco de un proceso terapéutico que es condición indispensable para la evaluación del problema, el Análisis Funcional del mismo (determinar qué variables mantienen el problema), el entrenamiento en las técnicas de intervención, las indicaciones para su puesta en práctica fuera de la sesión y el refuerzo de los resultados y cambios positivos (entre otras actividades características de la terapia psicológica). Todas estas actividades que se llevan a cabo en el proceso de la terapia, harán finalmente posible la obtención de ciertos resultados de cambio. Por ello también se hace relevante y necesario un estudio de procesos, es decir, un análisis empírico de los procesos que tienen lugar en el marco de la interacción T-C, el cual nos ayudará a esclarecer qué cosas hace el psicólogo para favorecer el cambio del cliente. Cuanto mejor conozcamos lo que funciona y lo que no, en mejores condiciones estaremos de de mejorar nuestra labor como clínicos, reduciendo cada vez más la distancia entre la investigación y la práctica clínica (tendencia a la que se aspira actualmente). (APA Task Force on Evidence-Based Practice, 2006).
El intento de desgranar el proceso de interacción T-C durante la terapia a través del Análisis Funcional de lo que ocurre en sesión tiene sus orígenes en las investigaciones de Willard Day y su equipo en la Universidad de Nevada durante los años 80. Su objetivo era identificar las contingencias antecedentes y consecuentes que controlaban la conducta verbal en sesión, basándose en los principios del condicionamiento clásico y operante. Persiguiendo el mismo objetivo encontramos actualmente la línea de investigación de MX. Froján y su equipo en la Universidad Autónoma de Madrid, que trata de arrojar luz sobre los procesos de aprendizaje que se ponen en marcha en sesión a través de la interacción verbal (como principal vehículo para el cambio) y que hacen posible el cambio en la conducta del cliente. Esta línea de investigación resulta muy prometedora puesto que, en palabras de Froján y su equipo (2006) “es un primer paso para la comprensión del fenómeno clínico, así como para reducir la distancia que separa la investigación de la práctica clínica”. La investigación de resultados “ayuda a saber qué funciona, con quién y bajo qué circunstancias, pero creemos que resulta imprescindible identificar qué procesos explican dicho cambio (…) con el objetivo de desarrollar formas de intervención más eficaces”.
Los estudios de este equipo se basan en la premisa compartida por la Psicoterapia Analítico-Funcional de que “gran parte de la conducta del cliente es moldeada y mantenida por los procesos de reforzamiento que se dan continuamente en la clínica y que ocurren de manera natural en la sesión”. Independientemente del modelo psicoterapéutico desde el que se trabaje, a través de su conducta, terapeuta y cliente moldean el comportamiento del otro. Partiendo de este supuesto, si consideramos aquellas conductas del clínico que logran cambios positivos con mayor eficacia, podremos aumentar nuestra potencia como agentes de cambio, convirtiéndonos en mejores profesionales y más rigurosos. Personalmente considero que además, este tipo de investigaciones contribuyen a aumentar nuestro valor como profesionales, abalando el carácter científico de nuestra disciplina y desmintiendo los prejuicios existentes sobre los profesionales de nuestro campo, tachados en ocasiones de “charlatanes”. En la medida en que estemos en contacto con la investigación en intervención psicológica estaremos en mejores condiciones para desarrollar nuestra labor como psicólogos y contribuir con nuestra aportación a una Psicología mejor, más rigurosa y científica, algo por lo que los psicólogos llevamos luchando desde los años 50 y que es lo que nos permitirá en el futuro tener el lugar que nos corresponde por derecho propio en el ámbito de la Salud (ya sea a través del ejercicio privado o público).
Algunos de los principales resultado a que se ha llegado en la línea de investigación seguida por el equipo de la antes mencionada M.X. Froján, son a modo de resumen los siguientes (pueden consultarse con mayor profundidad en el estudio referenciado, así como en la página web de la investigadora):
·         El Análisis Funciona de la interacción T-C ha permitido clasificar la conducta verbal del T en una serie de categorías en relación a la función que parecen cumplir:

1.       Discriminativa: Emisión del terapeuta que da pie a una conducta del cliente que va seguida de reforzamiento o castigo (Ejemplo: petición de información, incitación a hablar sobre una determinada cuestión, pedir que haga un ejercicio de respiración, etc.)
2.       Evocadora: Verbalización del terapeuta que da lugar a una respuesta emocional manifiesta en el cliente acompañada de verbalización o no (Ejemplo: llanto, risa, «me estoy poniendo nervioso», etc.)
3.       De refuerzo: Conducta del terapeuta que muestra aprobación, acuerdo o aceptación de la conducta emitida por el cliente. En un nivel de análisis diferente se considera función de refuerzo la verbalización del terapeuta que sigue a cada verbalización del cliente pues aumenta la probabilidad de que éste continúe hablando
4.       De castigo: Conducta del terapeuta que muestra desaprobación, rechazo o no aceptación de la conducta emitida por el cliente.
5.       Instruccional: Verbalización del terapeuta encaminada a fomentar la aparición de una conducta futura del cliente fuera del contexto clínico. No se han de mencionar las consecuencias explícitamente
6.       Motivacional: Verbalizaciones del terapeuta en las que se hace referencia al carácter reforzante del reforzador, con o sin alusión explícita a la conducta a emitir para lograrlo (Ejemplo: destacar lo bien que se sentirá el cliente si practica la relajación con frecuencia)
7.       Informativa: Verbalización del terapeuta con el objetivo de transmitir un conocimiento técnico o clínico a una persona no experta.

·         Además, parece que el proceso de terapia estaría caracterizado por una serie  de actividades clínicas (evaluación, explicación, propuesta de tareas y pautas de actuación fuera de sesión, debate de ideas y charla intrascendente) cuya presencia en sesión variaría a lo largo de la terapia de acuerdo con los objetivos a abordar.

·         Cada una de las actividades anteriores se caracterizará por la predominancia de algunas de las funciones previamente descritas, guardando esta prevalencia relación con la fase de la terapia en la que nos encontremos y del objetivo que se busque. (ampliar en el artículo).

Referencias:
Froján, M.X., Montaño, M. y Calero, A. (2006). ¿Por qué la gente cambia en terapia? Un estudio preliminar. Psicothema, 18(4), 797-803. (Pinchar aquí)
Seligman, M.E.P. (1995). The effectiveness of psychotherapy. The Consumer Reports Study. American Psychologist, 50, 965-974.
APA Task Force on Evidence-Based Practice (2006). Evidence-based practice in psychology. American Psychologist, 61, 271-285.
Froján Parga, M. X., Montaño Fidalgo, M., Calero Elvira, A. y Ruiz Sancho, E. (2011). Aproximación al Estudio Funcional de la Interacción Verbal entre Terapeuta y Cliente Durante el Proceso Terapéutico. 1er. Premio de la XVII edición del Premio de Psicología Aplicada Rafael Burgaleta 2010. Clínica y Salud, 22(1), 69-85.  (Pincha aquí)

domingo, 7 de agosto de 2011

Psicología, Psiquiatría y Medicina: Similitudes y Diferencias

¿De qué se ocupa la psicología?, ¿Qué hace el psicólogo?, ¿De qué se diferencia el Psicólogo del Psiquiatra?, ¿Son los psicólogos médicos?, ¿Pueden los psicólogos medicar?, ¿Es la psicología una disciplina médica?...
Estas y otras dudas son muy frecuentes entre las personas que acuden a psicólogos o psiquiatras por primera vez, así como entre la población en general. Es conveniente aclararlas, pues si bien existen aspectos comunes entre la Psicología, la Psiquiatría y la Medicina (las tres se dedican al ámbito de la salud), también son muchos los aspectos que las diferencian. A continuación intentaré clarificar algunas de estas similitudes.
1.       La Psicología y la Medicina son disciplinas independientes cuyo campo de estudio e intervención es distinto, así como distinta es su manera de describir y explicar los problemas de los que se ocupan.

a)      Campo de estudio: Si bien el objetivo de ambas es a grandes rasgos promover e incrementar la salud de las personas, los problemas de los que se ocupen y el modo en que lo hacen es distinto. La Medicina se ocupa de enfermedades, es decir, de problemas con base orgánica. La Psicología se ocupa de Problemas Psicológicos, cuya base es contextual o ambiental, es decir, son problemas que emergen en la interacción entre la persona (con las estrategias de afrontamiento que tenga en su repertorio) y sus circunstancias vitales. En la medida en que la interacción sea satisfactoria y la persona logre una adaptación a su entorno, no existiría ningún problema, pero si dicha interacción no es satisfactoria y genera malestar, podemos encontrarnos ante un problema psicológico incipiente. Como vemos, no hay ninguna base orgánica en este tipo de problemas, sino que se trata en el caso de lo psicológico, del resultado de un aprendizaje: En la interacción con su ambiente a lo largo de su historia de aprendizaje, la persona ha podido no aprender ciertas estrategias o habilidades que le permitirían superar determinadas situaciones negativas o difíciles del entorno, o bien, las habilidades que ha aprendido pueden no serle útiles en esta ocasión o incluso ser generadoras de malestar. Por ejemplo, una persona que ha perdido a su pareja en un accidente de tráfico podría dejar de hacer todas aquellas actividades que antes compartía con su pareja con el fin de no recordarla y pasarlo mal. Esta estrategia de evitación que inicialmente podría ayudar a la persona a reducir su dolor, a medio-largo plazo llegaría a ser contraproducente, pues la persona se alejaría cada vez más de su entorno social y no sólo no se expondría a actividades, contextos y personas que le podrían volver a reportar gratificación, sino que además favorece el que la persona se exponga a todos aquellos pensamientos y sentimientos negativos relacionados con la pérdida de la pareja, sin permitirse distraerse con otro tipo de estimulación. Con el tiempo, una estrategia que inicialmente pudo ser beneficiosa para la persona, puede convertirse en sí misma en problemática y contribuir a agravar el problema inicial. El aislamiento social, la pérdida de refuerzos, la falta de actividad, la frecuencia de pensamientos negativos… preparan el camino para lo que comúnmente se conoce como Depresión (que no es otra cosa que un problema caracterizado por la presencia de un bajo estado anímico que puede manifestarse de manera distinta en cada caso: presencia de pensamientos negativos, desgana y reducción de la actividad, llanto frecuente…)

b)      Modo de Intervención: Partiendo de que ambas disciplinas se ocupan de problemáticas distintas (orgánicas vs. aprendidas), es lógico que el modo de intervención también sea distinto. La medicina utilizará fármacos destinados a modificar los síntomas físicos de la patología, así como el agente causante de las mismas (ej. Cuando tenemos anginas se nos recetará un antibiótico que acabe con la infección bacteriana y además, probablemente un antiinflamatorio y antipirético para reducir el dolor y la fiebre causados por la infección; si lo que tenemos es un problema hormonal, los fármacos estarán destinados a controlar los niveles de dicha hormona). La Psicología por su parte, hará uso de las Técnica de Intervención  Psicológica, basadas en las leyes y principios de aprendizaje para enseñar y ayudar a la persona a que por sí misma modifique las circunstancias negativas de su entorno o aprenda y utilice otras estrategias más adecuadas para el afrontamiento de las mismas, derivando de ello un mayor bienestar, o al menos, reduciéndose el malestar inicial. En este sentido, la psicología no recurriría en primera instancia a la farmacología (la función de recetar fármacos no está entre las competencias de los psicólogos por no ser médicos), no obstante, sí podría trabajarse en coordinación con los médicos en los casos en que haya patologías orgánicas o problemas físicos asociados a un problema psicológico que requirieran una medicación (ej. a raíz de un problema de ansiedad o de estrés puede haber repercusiones físicas como problemas digestivos, estados de fatiga, dermatitis, caída de pelo…; a raíz de una enfermedad como podría ser la esclerosis múltiple, podría derivarse un trastorno del estado de ánimo… en estos y otros casos, podría ser necesaria una intervención que combinara terapia psicológica y medicación).

Incluso en momentos puntuales, cuando los problemas psicológicos son de intensidad severa, puede ser útil recurrir al uso de psicofármacos recetados por psiquiatras. En estos casos, la medicación tendría como función mitigar ciertos síntomas que pueden dificultar la intervención psicológica para facilitarla. No obstante, las pastillas nunca modificarían las circunstancias vitales que han originado el problema y si la aparición de éste se debe a la inexistencia de ciertas habilidades de afrontamiento o a la utilización de unas estrategias inadecuadas, ésta no nos resolvería nada. Funcionaría simplemente como un “parche sintomático” pero no nos enseña nada sobre cómo resolver el problema y no modifica las circunstancias que lo han generado. En este sentido, son muchos los estudios que han resaltado la mayor eficacia a largo plazo que ha demostrado tener la intervención psicológica versus la intervención con psicofármacos cuando se trata de problemas psicológicos, así como el ahorro económico que conllevaría primar este tipo de intervenciones sobre las psicofarmacológicas (ej. The National Institute for Healh and Clinical Excellence “NICE” y The Centre for Economic Performance´s Mental Health Policy Group de la Escuela Económica de Londres).

2.       La Psiquiatría es una especialidad dentro de la medicina: Los Psiquiatras son médicos que se especializan en el tratamiento de lo que se han denominado trastornos mentales. En este caso, su modo de conceptualizar los problemas sobre los que intervienen y el modo de abordarlos responde al modelo médico, propio de la disciplina en la que se enmarca: La medicina. Pese a que muchas veces Psicólogos y Psiquiatras intervienen en el mismo tipo de problemáticas, la forma de entender estos problemas y la intervención que se les da es diferente. Veamos cuales son estas diferencias en el siguiente punto.

3.       La Psicología es una disciplina en sí misma, con un modelo propio (el Modelo Psicológico) que se diferencia del Modelo Médico al que se adscribe la Psiquiatría, que no es una disciplina sino una especialidad dentro de una disciplina más amplia (la medicina). En este sentido, aunque psicólogos y psiquiatras compartan el mismo campo de intervención (los llamados trastornos psicológicos o trastornos mentales), unos y otros no los definen, ni por tanto intervienen de igual manera.
Los psicólogos defendemos que los problemas psicológicos son aprendidos y desarrollados en la interacción que hace la persona con su medio, mientras que los psiquiatras, en el marco de su modelo médico, proponen causas orgánicas internas para explicarlos. La teoría en la que se sustentan es la de los desequilibrios neuroquímicos en el cerebro. Esta teoría defiende que los problemas mentales serían el resultado de una alteración en los niveles de ciertos neurotransmisores y que la forma de actuar de las personas serían los síntomas de dicha patología interna. Esto no les diferencia de otras patologías médicas como las anginas (infección bacteriana en las amígdalas) y los síntomas físicos que producen (ej. dolor muscular, dolor de cabeza y en las amígdalas, fiebre…). El paralelismo con la medicina, su disciplina madre, es claro, y del mismo modo lo es la estrategia de intervención: El Psicofármaco (fármacos cuyo objetivo de acción es el cerebro y la modificación de los niveles de neurotransmisores que se hipotetizan alterados).


La administración de psicofármacos por parte de los psiquiatras se ha basado desde hace años en la hipótesis del desequilibrio neuroquímico, no obstante, estos desequilibrios aún no han podido ser probados para ninguna de los trastornos mentales recogidos en los manuales diagnósticos. Son muchas las investigaciones que ponen de manifiesto estos hechos, y profesionales de este campo han hecho públicas afirmaciones como las siguientes:
-        Dr. David Burns, ganador del premio A.E. Bennett de la Sociedad de Bioética de Psiquiatría, dijo: “pasé los primeros años de mi carrera, investigando tiempo completo el metabolismo de la serotonina, pero nunca encontré ninguna evidencia convincente de que cualquier trastorno psiquiátrico, incluyendo la depresión, fuera debido a una deficiencia de serotonina del cerebro, de hecho no hay forma de medir los niveles de serotonina en una persona viva, por lo que no hay forma de probar éstas teorías".
-        Dr. Steven Sharfestein, expresidente de la Asociación Americana Psiquiátrica (APA) tuvo que retractarse públicamente ante el boom de la teoría neuroquímica diciendo que "no existe ninguna prueba contundente de laboratorio que determine la existencia de un desequilibrio químico en el cerebro".
-        El psicólogo Bruce Levine, autor de Commonsense Rebellion (La Rebelión del Sentido Común) dice en su libro que “no se han establecido marcadores bioquímicos o genéticos para el trastorno por déficit de atención, el trastorno oposicionista desafiante, la depresión, esquizofrenia, ansiedad, compulsión por el alcohol o el abuso de drogas, sobrealimentarse, apostar, o ningún otro de las supuestas enfermedades, males o trastornos mentales”
No obstante, pese a todos estos datos (o ausencia de ellos), anualmente la industria farmacológica mueve alrededor de 13 millones de dólares.
Volviendo a las diferencias entre Psicología y Psiquiatría, estas se pueden resumir en las siguientes:
a)      Atribución causal del problema: Aprendidas o derivadas de las circunstancias vitales, en el caso de la Psicología, versus orgánicas (desequilibrios neuroquímicos), en el caso de la Psiquiatría.

b)      Intervención en el problema: Haciendo uso de las Técnicas de Intervención Psicológica (psicología), administrando Psicofármacos (Psiquiatría).

Conclusiones:
·         Psicólogos, Psiquiatra y Médicos trabajan en el ámbito de la salud con el objetivo general de mejorarla y favorecer el bienestar de las personas.

·         Psicólogos y Psiquiatras se dedicarían al ámbito concreto de la salud psicológica o mental, interviniendo en los problemas de salud concernientes a este campo específico.

·         Mientras que la Psicología es una disciplina en sí misma, diferente de la psicología, la Psiquiatría es una especialidad dentro de la Medicina.

·         Los Psiquiatras y los Médicos trabajan bajo un Modelo Médico que atribuye causas orgánicas a los problemas de salud (física o mental) e intervendría a través de la administración de fármacos destinados a eliminar los síntomas de la patología.

·         Los Psicólogos trabajan bajo un Modelo Psicológico que establece las causas de los problemas en el aprendizaje que tiene lugar durante el proceso de interacción entre la persona y su contexto o circunstancias de vida. Desde esta perspectiva la intervención se realizaría enseñando a la persona nuevas estrategias de afrontamiento que le permitan llevar a cabo una interacción más positiva con su entorno, así como modificar los elementos negativos de éste (cuando sea posible). Todo esto se lleva a cabo a través del uso de Técnicas de Intervención Psicológica que ponen en juego los principios de aprendizaje.

·         Los Psicólogos no somos médicos y por tanto, no podemos recetar medicamentos, ni tampoco es el objetivo que estos profesionales buscamos, pues nuestro objetivo último es que sea la propia persona la que adquiera la capacidad de superar y hacer frente por si misma los problemas por los que acude a sesión. Sólo de esta manera será posible no sólo resolver el problema de raíz, sino prevenir problemas futuros similares.

·         Los psicólogos sí podemos trabajar de manera conjunta con médicos y psiquiatras cuando sea preciso que la persona tome alguna medicación, ya sea de manera crónica (cuando tenga alguna enfermedad física que así lo exija), como de manera temporal, en el caso de algún problema físico esporádico o cuando la intensidad del problemas psicológico así lo requiera (en este último caso, se debe valorar muy bien la indicación de tomar o no medicación, así como el modo de retirarla).


Documentos Relacionados:









Froján parga, MX; Santacreu, J (1999). Que es un Tratamiento Psicológico. Madrid: Biblioteca Nueva.
González Pardo, H. y Pérez Álvarez, M. (2007). La invención de trastornos psicológicos. ¿Escuchando al fármaco o al paciente?. Alianza Editorial.
Levine, B. (2003). Commonsense Rebellion: Taking Back Your Life from Drugs, Shrinks, Corporations, and a World Gone Crazy Nueva York-Londres: Continuum.
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